Todavía me sorprende mi habilidad para crear pensamientos incapacitantes. Cuando algo nuevo se presenta ante mí el primer pensamiento que aparece en mi mente es:
No puedo
Después vienen todas las escusas que se puedan encontrar no vaya a ser que alguna parte de mí me lleve la contraria.
Lo peor de todo es que no siempre son cosas ante las cuales es normal arredrarse, cosas tan normales como pedir un café en una cafetería totalmente nueva, apuntarse a un gimnasio sin haber estado antes en uno (no puedo más que imaginarme al enemigo observando cada uno de mis torpes movimientos, mi intento de colarme en el vestuario de chicos pensando que era el de chicas o entrando en mitad de una clase que no era la mía), incluso algo que realmente me ilusiona como planear nuestro viaje a París, me supera.
Llevo tanto tiempo tirándome piedras que me cuesta pensar que no soy tan inútil como para no saber entender un mapa (cuando en mis años mozos se me daba bastante bien, incluso en el monte, era capaz de ver aquellas señales de colorines pintadas en el árbol más recóndito que nos ayudaría a encontrar el camino hasta un tesoro secreto). Que puede que me líe de vez en cuando, por supuesto, sobre todo con el despiste que llevo encima, pero que con eso no se acaba el mundo, ni siquiera el mío.
Poco a poco voy superándolo, sobre todo después de lo siguiente:
Siempre me quejo de que no tengo suerte, y parece que el destino, cansado de escuchar mis quejas y lloros se ha decidido a llevarme la contraria (con lo poquito que me gusta eso). Nunca un cinco me pareció tan atractivo y el punto cero tan sensual. Tuve que comprobar unas tres veces que lo que estaba viendo era real, incapaz de articular sonido alguno, seguí la curva del cinco menos esperado de mi historia universitaria (que es larga... demasiado larga). Aún me relamo con una victoria totalmente inesperada, mientras un rubor se extiende en mi cara al recordar cómo en mi derrota anticipada he machacado a Pianoman sin compasión. Y temo que piense que me quejaba sin más. Sinembargo la magnanimidad de este profesor, al que debían pitarle los oídos insoportablemente desde el examen, es algo totalmente inaudito en San Mamés. Eso o hice el examen en plena inconsciencia y no recuerdo haber hecho algunos ejercicios... Tengo memoria de pez, pero no tanto!!
Por lo demás creo que me voy a ver un documental de París, para ubicarme un poco y en cuanto sepa qué horarios me deparan este cuatrimestre sin clases pero con proyecto por hacer, me apuntaré a un gimnasio tras interrogar a algunas de mis amigas más curtidas en esos temas.

2 comentarios:
con el tiempo te vas a dar cuenta lo que has triunfado quitándote ópticas... jeje
yo ya me estoy haciendo una idea y todo, poco a pocoooo !
Hola guapa!!!!
cuanot tiempo eh?
te vas a paris? bueno igual hasta tya has vuelto.. yo fui hace un mes, y la verdad que volví encantada, me flipo la ciudad, eso si, su gente un poco especial, pero bueno, supongo q como en todos sitios.
Me enamore de la torre, y encima fui con grata compañia, mis amiguitas desperdiciadas por el mundo, alli nos encontramos todas.
te va a encantar, o quizás ya lo haya conseguido.
un muxu y zorionak!!!!!
Publicar un comentario en la entrada