Día 21 de Febrero, París (I)

2008/03/11

Prometí contar mi viaje a París. Bueno, en realidad me prometí a mí misma que redactaría nuestro viaje (Pianoman y servidora) a París ya que tras el empacho de anécdotas, monumentos y pateadas a la ciudad era muy probable que me olvidara de la mitad o más. Y bueno, ya que lo he escrito, ¿por qué no compartirlo? La verdad es que no he terminado, así que lo iré publicando según vaya redactando. Lo mismo nuestro viaje (y meteduras de pata) ayudan a alguien ;)


Pues bueno, allá va el primer capítulo de la serie:


LLEGADA AL AEROPUERTO


La llegada al aeropuerto de Charles de Gaulle, Roissy o CDG o como lo quieras llamar fue la mar de tranquila. No hubo peleas por coger el carrito y las maletas llegaron en imperfecto estado. Prueba de ello fue que la cinta de mi bolsa-sin-ruedas estaba rota (o descosida para ser más exactos). A la bolsa no le crecieron ruedas, una pena la verdad. Menos mal que había carrito porque de la salida del aeropuerto hasta la estación de RER había un paseito (en aquél momento no éramos conscientes de que nos encontrábamos en la CDG3, pero esa es otra historia) . Todo cubierto eso sí, que Francia es un país civilizado. En fin.

Una vez llegados a la estación comienzan nuestras dudas. La pececilla de repente es consciente de que las cosas están escritas raro y que no sabe ni lo que hay que hacer. Pianoman por su parte observa cartelitos. Pececilla observa a Vicente (donde va la gente). Tras sendas observaciones, decidimos coger un billete para la zona B (del RER , por si alguno se acaba de desubicar) para lo cual nos servimos de la tarjeta de crédito de Pianoman. Importante detalle el de tener moneducas sueltas porque no acepta billetes. Lo digo porque, esto nos dio algún problemilla más adelante. De casa teníamos aprendido que era importante no sólo leer el destino del tren sino también las paradas que realizaba puesto que no las cubría todas en todos los viajes. Tras deducir el andén al que teníamos que acceder llamamos a casa. De mientras llegó un tren al que todo el mundo subía (los de Vicente con maletas) así que aunque no estábamos del todo seguros allá que nos subimos. Había sitio para sentarse pero las maletas eran algo voluminosas como para colocarlas en las balditas de la parte superior así que en mi caso opté por meterla entre mis piernas por debajo de mi asiento (por favor, mentes sucias absténgase de funcionar). Todo iba bien, hasta que llegó un francés y quiso sentarse enfrente. Ahí entré en tensión. El señor literalmente trepó para poder colocarse en el asiento colocando uno de sus pies en un pequeño resalte que se situaba al lado de la ventana. Yo seguía en tensión... con lo bordes que me habían dicho que eran los parisinos. El señor sonrió y yo se lo agradecí poniendo ojitos corderiles.


Continuó nuestro viaje que se dirigía nada más y nada menos que hacia la parada “Gare du Nord” o estación del Norte. Era difícil disfrutar del viaje teniendo en cuenta que para evitar pisar con mi maleta el pie del señor de enfrente la tenía sujeta a pulso de las asas. Para que el viaje se hiciera llevadero un lugareño decidió compartir la música de su móvil, tipo reaggeton pero en plan árabe (siento no ser más concreta pero es que no sabría definirla). Para colmo y no conformándose con el conciertito decidió colocarse en mitad de la puerta que unía los dos vagones del tren. Sí esas que al de un tiempo se cierran a no ser que un tipo les de una hostia bien dada, pues esas. Entonces el francés situado en el asiento de enfrente comenzó a lanzar miradas furibundas y algo asesinas al joven (sí era joven) en cuestión, por lo visto con la música no podía concentrarse en la lectura del periódico. Viendo que el chico no se enteraba de que molestaba al personal y cuando pensaba que el francés se lo iba a cargar, éste se limitó a pedir dulcemente al jovenzuelo que por favor bajara la música un poquito. Éste, muy amablemente le obedeció y todos ganamos en salud. Y yo me quedé patidifusa. ¿Había visto o más bien, oído bien? ¿Sin gritos, insultos ni aspavientos varios? ¿Con un simple por favor? Yo que ya había preparado los músculos para saltar a un lado por si hacía falta... En fin, que prometía ser un viaje pacífico. Tras varios minutos en los que Pianoman and I nos dedicamos a observar el paisaje llegamos a una estación, Paris Nord y Pianoman se dispuso a levantarse. Pero una que es una histérica y que si no ve “Gare du Nord” no se fía un pelo (y encima no sé donde había leído algo de Châtelet y se me fue directamente la pinza) puso cara de que la querían engañar. El parisino de enfrente, al ver la duda reflejada en mi cara de petarda-de-pueblo sonrió con cierta condescendencia indicándome segundos antes de que el tren parara que efectivamente, Pianoman tenía razón, a lo que respondí con un “merçi” algo afectado al intentar sacar mi maleta sin herir a nadie.

3 comentarios:

llonix dijo...

qué fort! a esta pececilla no se le pasa ni un detalle
voy a disfrutar mucho leyendo tus posts niña, muxuuu!

Anónimo dijo...

Menudas aventuras depara el viajar, y Paris tengo ganas de ir, pero ese aeropuerto que malos recuerdos guardo,de air france tambien,...

Ya nos seguiras contando ;-)

Tamaruca dijo...

¡Qué bueno, jaja! A mí también se me dispara el "gen desconfianza" en cuanto salgo del puebl... digo... del país :D

Un besito, seguimos tu redacción del viaje :)

Del mundo a la pecera